Ya anocheciò y recien son las seis de la tarde. Seguramente es un eclipse. De repente se devoran al sol. La calle esta desierta, y con este clima (temperatura mortal) me duele mirar las caras de los pocos infelices que andan sueltos. Yo soy un infeliz màs en esta puta ciudad de corazones destrozados. Al pedo como cenicero de moto, entro en un pequeño club de box. Justo suena el timbre y el tercer round termina para estos guerreros. Empieza el cuarto y el negro rubio tira piñas como disparadas por una ametralladora. El negro negro solo intenta atajarlas, hasta que cae. El escaso pùblico lo observa escupir sangre sin parar y despues ya no escupe màs. Su vida llegò al final del camino.
Salgo a la calle con un cigarrillo consumièndose entre mis labios, como sin pensar pero pensando. En la esquina, sentados en la vereda de un kiosco, tres pibes toman unas birras mientras comentan que bajaron a un anciano. Lo dicen sin demasiada preocupaciòn. Lo mismo da.
Vuelvo a mi casa resignado, y me tiro en la oscuridad. Destapo un tinto (descorcho suena màs cool), y pongo a los Smashing, volumen bajo, como para desaturdirme. Suena el telefono, y desde el cielo, es un tal John. Pensè en Lennon. Pensè "es una joda". Pensè en mandarlo quien sabe donde. Tal vez haga algun dinero, mejor grabo la conversaciòn. Si te descuidas te la mandan a guardar.
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